El desarrollo urbano de la ciudad de Jaén ha estado al servicio de los intereses económicos de un reducido grupo social, vinculado al negocio inmobiliario. Esto queda claro cuando comparamos los datos del crecimiento del suelo urbano y de la construcción de nueva vivienda, con el movimiento demográfico de la ciudad. Así Jaén en los años 50 del siglo pasado tenía una población de 61 mil habitantes y hoy tiene 114 mil habitantes, lo que supone un incremento de 53 mil personas. Sin embargo, según datos del censo de población y vivienda del Instituto Nacional de Estadística, se han construido durante ese periodo en la ciudad de Jaén más de 45 mil viviendas, suficientes para dar alojamiento al menos a 150 mil personas. Hay por tanto un crecimiento residencial que no se corresponde, como sería lógico y deseable, con la evolución demográfica y con las necesidades de la ciudad. De igual forma en el año 1950 el suelo urbano coincidía con el actual Conjunto Histórico, una extensión no superior a las 300 hectáreas, y hoy la ciudad ocupa un territorio 1.300 hectáreas, y el nuevo Plan General de Ordenación Urbana ha previsto que el suelo urbanizado llegue a las 2.600 hectáreas, el doble del actual.

En paralelo a la expansión inmobiliaria injustificada se ha abandonado y destruido una parte importante del patrimonio residencial existente, especialmente en la ciudad histórica que hoy está en una situación dramática. Nos encontramos en realidad en Jaén con un parque de viviendas sobredimensionado, con numerosas vivienda vacías, infrautilizado y deteriorado. Situación que igualmente, como veremos más abajo, afecta también a parte de las infraestructuras y equipamientos urbanos. Por su parte, nuestro Ayuntamiento, como otros muchos, a partir de la burbuja de los años 90 hizo depender en gran medida su financiación del ladrillo e inició un suicida proceso de privatizaciones de servicios públicos.

Este dominio del negocio inmobiliario, seguramente ha dado muchos beneficios a algunos promotores y constructores, pero en la ciudad ha provocado grandes problemas a los que hoy nos enfrentamos y que un proyecto alternativo y democrático de ciudad tendrá que afrontar en un futuro: Jaén es hoy una ciudad desestructurada y fracturada, sin cohesión social ni territorial, con una brecha importante entre el eje central urbano y los barrios vulnerables de la periferia, donde crece la pobreza, el deterioro y la desigualdad. Una ciudad injustificadamente extensa con graves problemas de movilidad y de contaminación. Un Ayuntamiento intervenido de facto por los bancos y el gobierno central y en manos de empresas concesionarias que se apropian de nuestros recursos.

El paisaje urbano de Jaén ha cambiado mucho en estas últimas décadas, pero presenta graves déficits y problemas que complican su devenir histórico, detrás del oporel que nos intentan vender hay podedumbre y empobrecimiento. Un modelo de desarrollo urbano que provoca en nuestra ciudad situaciones como estas que describimos:

Equipamientos, proyectos arquitectónicos, desarrollos urbanísticos y espacios urbanos infrautilizados, inacabados o sin uso. Lo que los colectivos por el derecho a la ciudad han denominado Cadáveres Inmobiliarios, una triste consecuencia de la burbuja inmobiliaria que ha arrasado nuestro país, bajo la bandera del progreso y el desarrollo. En la web cadaveresinmobiliarios.org un conjunto de colectivos han creado una base de datos, con información detallada, con el objetivo de visibilizar este fenómeno, comprender lo que ha significado y despertar la conciencia social sobre los efectos de la burbuja, de destrucción del paisaje y del territorio y trazar estrategias de futuro para atajar este fenómeno con un cambio de modelo.

La cartografía de Google Maps y del Catastro inmobiliario nos ayuda a reconocer esta realidad en nuestra ciudad. Así vemos los numerosos solares abandonados del conjunto histórico en este plano del barrio de San Juan, resultado de la intensa destrucción y vaciamiento físico y social que ha sufrido este espacio. El reto es evitar que estos vacios sean utilizados para proyectos especulativos promovidos por fondos buitre, y reutilizarlos con nuevos usos como equipamientos sociales, huertos urbanos o viviendas sociales, para utilizar lo construido en lugar de seguir expandiendo sin sentidos la ciudad.

También vacío el Nuevo Polígono Industrial, “Parque Empresarial Nuevo Jaén” una importante inversión pública con gran parte de las parcelas marcadas en el plano catastral sin uso.

Equipamientos y proyecto arquitectónicos inacabados como el aparcamiento de La Alameda o el Centro Social en la Plaza Luisa de Marillac junto a los Baños Árabes,

Y por supuesto la guinda del pastel del despilfarro urbano, el tranvía sin trenes:

Vemos como esta ciudad, paradigma de tantas cosas, va destruyendo los últimos espacios públicos verdaderamente democráticos como son las plazas, a base de privatizarlos convirtiéndolos en lugares minimalistas y diáfanos, sin árboles ni mobiliario urbano, para el tránsito de personas o el consumo de las terrazas de los bares. Se convierten así en lo que el antropólogo francés Marc Augé bautizó con el nombre de “No Lugares”, espacios públicos sin identidad e incapacidad para generarla, monofuncionales y poco propicios para la relación entre las personas. Hoy sabemos que los lugares, los territorios cumplen un papel fundamental en la formación de la identidad de los grupos y comunidades, lo cual exige respeto a su historia y permanencia en el tiempo, algo que nuestro Ayuntamiento no está dispuesto a hacer. El ejemplo más reciente y cuestionado es la actuación de reforma de la Plaza Deán Mazas, obra asociada a la deficiente peatonalización que provocó una importante movilización popular de rechazo. Pero no es el único caso, también podemos ver actuaciones lamentables y poco respetuosas con la memoria de la ciudad en la Plaza Rosales o en la Plaza Santa Maria.

Este estado de cosas, tiene otras manifestaciones en la arquitectura o el diseño de la ciudad, como la destrucción del pavimento histórico o los numerosos ejemplos de Arquitectura Defensiva, característica de los edificios más emblemáticos construidos en la ciudad en los últimos 20 años, como el Teatro Infanta Leonor, el Museo Ibero o el edificio del Corte Inglés, y que también se adoptan en promociones de viviendas privadas, como las del próximo edificio de viviendas de elite en el solar del antiguo Simago. Son diseños tipo fortaleza que no miran a la comunidad ni siquiera a la calle, con ausencia de vanos para recoger la luz solar y con plazas anexas de suelos duros diáfanos, y que no se ajustan a las características climáticas de esta ciudad y su entorno, un derroche en tiempos del cambio climático.

Todo esta realidad nos obliga a reflexionar sobre qué tipo de ciudad estamos construyendo. Necesitamos otra propuesta de ciudad, como espacio social más justo donde las decisiones se tomen pensando en las necesidades que demandan los ciudadanos, en las vidas cotidianas y no en los intereses de grupos financieros e inmobiliarios. Bajar la escala de la planificación urbana a pie de calle, de barrio, para abandonar decisiones absurdas de crecimientos sin sentido. Un proyecto nuevo que tendrá que diseñar como dar un uso a tanto vacio urbano, edificio y espacios infrautilizados. Repensar nuestra ciudad, una tarea que tenemos que asumir con Sentido y en Común.

Miguel Quesada. Noviembre 2018

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